La otra...
El otro...
Seguí hojeando el libro sólo porque leí la dedicatoria y me gustó:
A mis amores intramatrimoniales
Gail, Abbey, Fred
Compré el libro sólo porque me gustó como empezaba la introducción:
Los seres humanos somos muy complejos. Queremos el cambio, pero nos disgusta la ruptura. Nos agrada lo nuevo, pero valoramos mucho lo antiguo. Deseamos excitación y emociones, pero asignamos un gran precio a la seguridad. Las situaciones inciertan nos parecen interesantes, pero la incertidumbre excesiva nos provoca ansiedad. Tal vez buscamos familiaridad, pero cuando la encontramos no tardamos en aburrirnos.
Y como siempre con cualquier libro, me gusta leer la última parte, el último párrafo... en este caso es la penúltima parte del epílogo:
¿Existe alguna conclusión suprema que pueda deducirse de todo esto? Difícilmente. Sin embargo, hay que consignar una tendencia general: casi todos deseamos una relación duradera que sea satisfactoria. Tenemos una gran capacidad -al menos en potencia- de intimidad. Sin embargo, no es fácil desarrollarla y a veces tampoco lo es encontrar otra persona con la que podamos tener una relación de enriqucimiento mutuo. Hay en éste a veces tanto de sufrimiento y de dificultad, cuanto hay de alegría y recompensa.
También compré un libro "al estilo de la línea caldo de gallo para el espíritu" (no podía acordarme y así salió). De ahí sólo transcribiré 3 moralejas en esta ocasión:
Obtenemos consuelo de quienes están de acuerdo con nosotros y, crecimiento de quienes no lo están.
No es sorprendente que en un año electoral el aire esté lleno de discursos y los discursos estén llenos de aire.
Aun cuando las personas saben cómo se deberían comportar, algunas veces lo olvidan. Por eso asisten a la iglesia todos los domingos.
Y dije que eran tres pero se me cayó el libro y se quedó abierto en ésta:
Un individuo tenía una mente fotográfica. Por desgracia, nunca la reveló.

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